domingo, 27 de junio de 2010

La importancia de hacer el bien

No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.
Gálatas 6:7.

Lectura diaria: Gálatas 6:2-10. Versículo del día: Gálatas 6:7.

ENSEÑANZA

Siempre debemos estar disponibles para hacer el bien, especialmente a los de la familia y a los de la fe. Vivo diciendo que Dios no se queda con nada guardado y en cuanto a esto sí que puedo dar testimonio. Sea que obremos correctamente como si lo hacemos mal, cosecharemos lo que hemos sembrado. Dios es justo y si creemos que no ve nuestras acciones estamos demasiado equivocados, pues de Él nadie se burla. “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos per vencidos” (v. 9). Solamente cuando estamos en situaciones embarazosas y no podemos valernos por sí mismos, es que entonces entra a funcionar esta llave de la recompensa. Le doy gracias a Dios por haber puesto en el camino a personas tan especiales como mi querida Gineth que se convirtió en “mi ángel” (expresión utilizada por el médico que me atendió), durante el tiempo de convalecencia después de la cirugía que me fue practicada. Sé que esto sólo han sido bondades de mi Señor porque “Él es mi Dios amoroso, mi amparo, mi más alto escondite, mi libertador, mi escudo, en quien me refugio, Él es quien pone los pueblos a mis pies” (Sal. 144:2). No voy a pasar de petulante creyendo que todos van a estar sumisos a mis pies ni tampoco lo pretendo, pero si estoy convencida que fue Dios quien puso en el corazón de ella, el querer como el hacer; ¡Dios la bendiga por siempre! Sé que está cosechando frutos inmensos y la recompensa no sólo la tendrá en su propia vida sino que también la verá sobre sus amados hijos. Así como he visto la mano generosa de Dios conmigo, aún sin merecerlo; también desafortunadamente tengo que decirlo, cuánto me duele ver a mi querido padre enfermo, solo, sin recursos y tan lejos. Muchos hemos coincidido en que desafortunadamente nunca estuvo pendiente de nosotros cuando tanto lo necesitamos y ahora, la única razón que llega a mi mente es, sin desear en lo más mínimo el mal para su vida: la ley de recompensa. Estoy haciendo todo lo posible y le pido al Señor su ayuda, para ver si logramos traerlo a una casa geriátrica de clima caliente o al menos templado y poder estar más cerca, brindándole el cariño y amor que merece, porque de todas maneras es mi padre, y fue la persona que Dios utilizó para que me diera la vida. Mi corazón se inunda de tristeza y más un día como hoy que se celebra en Colombia “el día del padre”, sin saber si al menos lograré hablarle por teléfono, felicitarlo y decirle cuánto lo quiero. Dios permita que mis deseos se cumplan antes de que sea demasiado tarde. Por favor, nunca dejemos de hacer el bien. Aprendamos que depende de lo sembrado para recoger la cosecha y repito: Dios no se queda con nada guardado.

Para todos los papitos que leen este devocional: ¡FELIZ DÍA DEL PADRE!

Un abrazo y bendiciones.

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